Entender es una gran fuente de cambio. Y muchas veces, una sola frase puede encerrar un enorme entendimiento. Ciertas palabras son luz. Intensa.

Precisamente eso me acaba de suceder.
Acabo de terminar de leer el «Preludio» de un extraordinario libro, parte de mi entrenamiento como psicoterapeuta. Y, por lo mismo, me llamó poderosamente la atención que el autor no es ningún médico o facultativo de la salud mental. Es un ser humano que se ha atrevido a vivir y a confesar gran parte de sus sombras para integrarlas sanamente a su vida. Un célebre músico también.
El hecho es que en el interesantísimo desarrollo de la apertura de su afamado libro, dentro de una cadencia ideal para citarla, expresó una frase que, en cuanto la leí, retumbó en mi ser como explicación para muchas de mis experiencias vividas. Sí, lo que suele pasar en un momento de lectura realizada con verdadera y profunda concentración.
Una frase de tan solo 11 palabras que, de un solo golpe, me explicaron muchas experiencias que viví con personas de mi pasado, personas que me atacaron con su odio manifiesto. Afortunadamente, personas de mi pasado. Muy pasado. Quizá puedan intentar destilar su odio en el presente, pero ya no me entero. Decidí inteligente y amorosamente, eliminarlas de mi radar existencial. Me generé paz y armonía. Fueron personas cuyo comportamiento en más de una ocasión me hizo pensar: «¿Por qué será así conmigo si no merezco este maltrato? ¿Por qué es así siempre?
Una frase.
La respuesta contundente, en un instante, a esas preguntas que tuve por años.
La frase:
«No proyectes en mí el odio que sientes por ti mismo».
J. Rhodes.
No hay más que decir en el ArizaTip de esta ocasión.

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