Fíjate bien

¿Te ha pasado que debes tomarte una pastilla y al voltear a ver al frasco no recuerdas si ya la tomaste hace un momento? O si sales a comer y en la noche alguien te pregunta a dónde fuiste o qué comiste y respondes “no sé”.

“Es como estar en el mar cuando viene una ola grande. Si no nadas, si no decides hacia dónde moverte, la ola simplemente te arrastra. Tú no controlas lo que hace la ola; solo te dejas llevar a donde ella decida dejarte”, afirma Jorge Martínez.

“Cuando dejamos de involucrarnos activamente en nuestras propias vidas —especialmente en un viaje, en un trámite, o en las decisiones del día a día—, nos convertimos en pasajeros pasivos de nuestra propia existencia”. Es decidir ir por el mundo como si fuéramos una hoja que se lleva el viento sin registrar absolutamente nada. Y se trata de ser y estar conscientes del momento presente, de manera deliberada.

No puedes recordar lo que no registraste. Eso lo explico ampliamente en mi curso de supermemorización y técnicas de aprendizaje acelerado. La memoria no es la capacidad de recordar… solamente. La memoria es una tríada: registrar, retener y recordar cuando lo queramos o necesitemos.

Me encanta lo que dice Jorge Martínez: “Estar físicamente en un lugar no es lo mismo que habitarlo. Si viajamos pero no decidimos a dónde ir, si comemos pero no prestamos atención al sabor, si compramos algo sin entender el porqué, no estamos registrando la experiencia. Y lo que no se registra con atención, simplemente no se puede recordar ni disfrutar”. Punto.

La siguiente vez que te preocupes por no recordar algo, antes de pensar en las primeras etapas de un tipo de demencia, antes de empezar a preocuparte por el Alzheimer, ¿qué te parece si te fijas en lo que te fijas? Eso será más sensato. Y más aún en esta época que nos está tocando vivir, esta época de tantísimas distracciones como notificaciones en nuestro celular, hiperconectividad, hipercomunicación y lucha por nuestra atención. Todo eso explicaría más por qué no recuerdas que demencia.

Fíjate cómo, bajo este análisis, en la tercera edad es fácil dejar de recordar. Pero muchas veces no es por alguna demencia, sino porque se llega a una edad en donde es más fácil y cómodo dejarse llevar, como la hoja con el viento. Así, no se habita la experiencia con el registro que la responsabilidad, atención e interés generan. Saber distinguir esto es de enorme valía para la persona mayor y sus familiares.

Cuatro poderosas sugerencias para recordar

  1. Hay que involucrarse en las decisiones para recordar.
  2. Sé y está consciente de manera deliberada. Mentalmente repasa en dónde estás y por qué fuiste ahí.
  3. Lleva un diario. Registra tres eventos del día que hayan sido significativos para ti y escribe por qué. Escribir ayuda mucho. Apple lanzó en sus dispositivos un “Diario” que te ayuda a escribir dependiendo de los lugares que visitaste o fotos que tomaste. Aprovéchalo si es tu caso.
  4. Pregunta más frecuentemente por qué y para qué. Eso te ayudará a ser y estar consciente. Recordarás más.

Espero que estas líneas te infundan cierta paz por saber.

¿Sí recuerdas lo que te acabo de decir, verdad? ¿O me medio leíste al mismo tiempo en que revisabas tu WhatsApp y escuchabas música y atendías lo que alguien te decía? Todo al mismo tiempo. Porque así no se puede recordar fácilmente.

¡Emoción por entender!

—Alejandro Ariza Z.


¿Te gustaría seguir la conversación en WhatsApp?

Te invito a que seas parte de mi grupo privado de WhatsApp aquí. Te aseguro que disfrutarás de que estemos más cerca.

El café


Esta mañana, tomando mi café, me inspiró una lección que te quiero compartir.

Si vieras una taza de vidrio con un líquido oscuro y humeante, probablemente dirías: «Es café». Y tendrías razón.

Pero, si además dijeras: «Nah, no me gusta el café», quizá estarías cometiendo un error. En serio.

Ahí te voy con mi idea…

Una cosa es haber probado un café. Y otra muy distinta es haber probado el café. Conozco personas que afirman que no les gusta el café, y lo afirman hasta con desdén y cierto dejo de superioridad, por su experiencia. Cuando les pregunto por qué, descubro algo interesantísimo: alguna vez bebieron una taza amarga, quemada o simplemente mala. Y ya. Tomaron una experiencia desagradable y la convirtieron en una sentencia universal. Su muy personal experiencia es la medida universal para calificar el café.

Error.

¡Yo también he bebido cafés horribles! De esos que, naturalmente, al primer sorbo uno lo deja.

Pero soy adicto al café.

Otro café que probe.

Hace unos dos días recibí un café que, cuando llegó, me pareció ridículamente caro. La cajita era tan pequeña que pensé que me habían visto la cara. En fin, lo preparé.

Y entonces ocurrió.

Al acercarme la taza, apareció un aroma que no parecía provenir de un café más, sino de algún recuerdo agradable que yo no sabía que tenía guardado. Había notas a madera intensa y tabaco como de pipa, grano muy tostado con absolutamente nada de acidez, de retrogusto algo parecido al cacao oscuro, un dejo lejano de nueces y una profundidad imposible de describir. Eso percibí al primer sorbo que tomé.

Luego otro.

Y otro más… con los ojos cerrados.

En ayunas, temprano. Ah, sí, porque también todo tiene su biorritmo, hasta un día. El mismo café no te sabe igual con el paladar en ayunas y en silencio que luego de una opípara comida y con ruido por doquier. Para percibir el justo valor de algo, hay que experimentarlo en su mejor momento, tanto de ese algo como el tuyo. Hay que procurar que casen. No se puede en otro.

A momentos, me acordaba de ciertos vinos extraordinarios que los expertos describen con palabras extrañas: amaderados, frutos rojos, cuero antiquísimo, tabaco de taberna, vainilla antigua y especias que incrementan la astringencia. Eso, junto con los años en barrica, siempre me parecieron exageraciones poéticas.

Hasta que aprendí a distinguir.

Descubrí algo incómodo: los expertos no exageraban. Quizá el problema era que yo no conocía aquello de lo que hablaban.

Y entonces deduje algo, creo todavía más interesante: nuestro lenguaje también tiene límites. A veces no podemos describir una experiencia porque jamás la hemos vivido. Nos faltan palabras porque antes nos faltó mundo.

¿Cómo explicar un sabor único que nunca has probado? Y del que te privas por creer que ya lo conoces. ¿Cómo explicar una emoción que nunca habías sentido? ¿Cómo explicar una forma de amar, de trabajar o de vivir que todavía no conoces?

Por eso me inquieta cuando alguien dice: «Nah…ya sé cómo es eso».

¿De verdad?

Dos frascos con polvo blanco pueden verse idénticos a la distancia —y a poca distancia—, y uno contener sal mientras el otro guarda azúcar.

Dos copas de vino pueden parecer iguales y ofrecer experiencias infinitamente distintas. Me consta y no exagero.

Dos cafés pueden compartir color y temperatura y hasta la misma palabra para designarlo, pero siendo bebidas que pertenecen a universos totalmente distintos. Son enteramente otra cosa el uno del otro. Me consta y no exagero.

Quizá uno de los prejuicios más costosos del ser humano sea la arrogante creencia de que ya conoce aquello que apenas ha rozado.

Probamos una versión mediocre de algo y creemos haber conocido todas sus posibilidades. ¡Hazme el favor! Probamos una relación fallida y creemos conocer el amor y tener facultad para enseñar y prevenir al respecto. Probamos un empleo y creemos conocer lo que es trabajar. Probamos un libro y creemos conocer un autor o el tema.

Probamos un café malo y creemos conocer el café.

La vida recompensa con sorpresa a quienes conservan la humildad de seguir probando. Creo que a veces los mayores placeres están escondidos detrás de algo que jurábamos conocer.

Espero que esta breve historia de mi andar te motive a atreverte a probar antes de emitir un juicio y te prives de la experiencia.

Porque podrías estar frente a una experiencia maravillosa, una que nunca has probado, pero que podrás dejar ir por creer que ya sabías de eso.

Ese café que se me había hecho tan caro… ya pedí otra caja y lo pagué con enorme gusto.

—Alejandro Ariza Z.


¿Te gustaría seguir la conversación en WhatsApp?

Te invito a que seas parte de mi grupo privado de WhatsApp aquí. Te aseguro que disfrutarás de que estemos más cerca.

Cómo sentir más emoción

¿Te pasa que, a veces, te gustaría disfrutar más de algo porque como que todavía no sientes que llegue a tope la emoción?

Ejemplo: Ves algo y te emociona. Lo compras. Te emociona tenerlo. Luego de un rato (a veces poco) la emoción se esfuma.

Por darte un ejemplo más concreto. Hace tiempo compré una camioneta nueva. Esa experiencia es «clásicamente» algo muy emocionante, pero para mí no tanto. La compré porque me gustaba y era una oportunidad.

Más adelante, ¡me di a la tarea de investigar toda la historia de la marca de esa camioneta! Investigué cómo se fundó, por qué el nombre de la marca y lo que significan la sigla del modelo, cómo nació la idea de crear esa camioneta, leí muchas historias relacionadas, vi videos que existen, etc. Hasta tuve acceso a un evento de lanzamiento y el testimonio del creador hablando de todo lo que tiene el modelo.

Con todo eso no pude más y empecé a leer con detenimiento el manual.

Al día siguiente, cuando vi mi camioneta… ¡Vi otra cosa! No podía dejar de admirar, no podía dejar de sentir demasiada emoción.

«El origen de la emoción es es la admiración por conocimiento incremental».– Alejandro Ariza Z.

Pues sí. Si algo es emocionante, puedes “exprimirle” más emoción mientras más conocimiento tengas de ello.

Si deseas emocionarte por algo, tienes que conocerlo, y si quieres emocionarte en gran medida, tienes que conocerlo más, profundamente. Y esto aplica a todo. Te di un ejemplo con algo material… pero sucede igual hasta con las personas. Por eso, solo hasta que conoces realmente la historia de alguien es que le empiezas a admirar. Por eso, el noviazgo, la etapa de conocimiento, es la que va enamorando a la pareja, incrementando su emoción, misma que nadie comprenderá, porque nadie conoce a la pareja como la pareja misma.

Pues bien, ahí lo tienes. ¿Quieres exprimirle más emoción a la experiencia? Haz todo lo que tengas que hacer para saber más y más acerca de ella. Notarás cómo el ser humano no ve con los ojos, sino con su conciencia.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza Z.

La paz de no autodeberse nada

Ayer, día 1 de mes, desperté a las 5:55 a. m. con una idea muy clara. Estaba iniciando el mes y recuerdo que desde marzo, tenía en mi mente que cuando llegara junio, quería dar mi conferencia «Calidad de vida», abierta al público en general, el último domingo del mes. Quería festejar así el 10º aniversario de mi libro Calidad de vida. ahora en su más nueva edición.

De esa manera me dije: «Tengo que hacer hoy mismo todo el trabajo que implica». Y créeme, es un trabajo intenso y que todo lo hago yo. No tengo —como quizá más de uno cree— personal en diseño, en promoción, en ventas, un social media manager, etc. No. Todo, todo, todo, lo hago yo.

Por lo mismo, por todo lo que hay que hacer, ¡por supuesto que pasó por mi mente: «…bueno, por Dios, apenas está empezando el mes, quizá lo pueda hacer mañana»!

A ver… hablaré de «calidad de vida»… y ya se asomaba en mi mente el postergar. Algo que va totalmente en contra de una mejor calidad de vida.

La acción inmediata es el secreto menos glamoroso del bienestar.

Decidirse a ejecutar en el instante en que debe llevarse a cabo un trabajo es una poderosa fuente de calidad de vida.

Quien no lo haga así… ¡También puede afirmarlo! Porque cuando postergas se pierde calidad de vida, creas la preocupación, generas la angustia, sostienes el pendiente, cargas el pesar de que se te juntan las cosas. ¡Sí, existe un peso invisible por dejar las cosas para después! ¡Existe ese malestar!

Sabes perfecto de lo que estoy hablando.

Tengo una enorme cantidad de pacientes que lo viven. Y siempre encontramos la causa de su preocupación: no hacen lo que tienen que hacer cuando tienen que hacerlo. Mucho menos se anticipan.

Entonces me dije con autoridad sobre mí: «¡Hoy es el día de poner manos a la obra y hoy mismo tiene que quedar terminado todo!».

Ya.

No mañana. No más tarde. No cuando tenga tiempo. No al rato en un huequito. No luego de desayunar.

Ya.

Y apliqué un poderoso secreto que un estimado terapeuta de psicología cognitivo-conductual que tuve me enseñó: Dejé de negociar conmigo mismo para postergar justificadamente. Y de inmediato empecé a darme órdenes rápidamente dentro de mi cabeza: «Ya, ya, ya, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo…», y me lo repetía tantas veces con esa insistente y veloz manera de hablar dentro de mí, sin parar hasta que me viera frente a mi computadora trabajando; y esa voz, de esa manera, termina moviendo mis pies y llevándome hasta mi despacho para empezar de inmediato. Hago que la insistente voz no me suelte hasta que ya he empezado a ejecutar.

Eso es poderoso.

Esa insistente voz dentro de mí que, por decírmelo así, no me da espacio para negociar conmigo mismo otra opción que no sea actuar de inmediato. Un pequeño esfuerzo de hablarme así… y en menos de cinco minutos ya estaba programando el zoom, diseñando imágenes, preparando textos, organizando detalles, programando publicaciones, grabando videos, haciendo shorts, etc. Nada «demasiado» difícil gracias a la tecnología con la que puede contar hoy cualquier persona con una computadora e Internet… y experiencia. Fueron horas, pero…

¡Terminé!

¡Lo hice!

¡Me cumplí a mí mismo!

Fui líder de mí mismo.

Y sí, por supuesto, ya el mismo día 1 de junio, ya se vendieron los primeros boletos.

Pura matemática y logica de la vida.

Lo que realmente gané

Lo curioso es que el mayor beneficio no fue avanzar en la promoción de la conferencia y la productividad. Fue la sensación de ligereza —calidad de vida— que llegó después.

Porque cada pendiente no resuelto ocupa espacio mental. Los pendientes viven en silencio dentro de nosotros. Consumen energía. Generan una ligera e incómoda tensión. Nos acompañan incluso cuando creemos haberlos olvidado y todo parezca que lo tenemos en orden y en paz. Tú sabes que no es así. No hay orden. No hay paz. No hay calidad de vida cuando dejas las cosas para después.

Una reflexión

He llegado a pensar que muchas personas no están cansadas por todo lo que hacen.

Están cansadas por todo lo que saben que deberían estar haciendo y no hacen.

La inacción cansa. Qué ironía. Y es que la angustia desgasta.

La postergación no solo retrasa resultados. También disminuye la calidad de vida. Me consta. Tanto en carne propia como profesional observador de la conducta humana. Lo he atestiguado en centenas de pacientes.

Por la tarde del mismo día 1, ayer, mientras me encontraba dando consulta… ¡Podía estar «mindfulness» frente a mi paciente! Lograba estar hiperconcentrado en él. Claro…, no tenía pendientes. Desde poco antes del mediodía del primer día del mes, ya estaba echada a andar toda una maquinaria de éxito para mi conferencia.

El éxito no sucede, se crea.

En la noche me sentí tranquilo y feliz. Y no tan solo por lo que pude ayudar a mis pacientes en mi consulta.

Dentro de mí, sabía que la conferencia sería hasta el día domingo 28, hasta fin de mes. Pero lo importante ocurrió hoy.

Hice lo que tenía que hacer.

Y pocas cosas producen tanta calidad de vida, tanta paz, como no deberse nada a uno mismo.

¡Emoción por entender!

—Alejandro Ariza Z.

P.D. Toda la información detallada y entradas para mi conferencia «Calidad de vida», la puedes ver aquí. ¡Espero me puedas acompañar! Te prometo una gran experiencia.

El amor no debe llegar como rescate

Acabo de cerrar la última página de un libro que me ha gustado muchísimo: Tu camino hacia el amor, de Adrián Chico. Un libro que empecé a leerlo hace dos días y lo acabo de terminar. No podía parar de leerlo. ¡Es un libro de enorme valor!

Mientras lo leía, una idea se fue abriendo paso en mi mente con una claridad casi incómoda: Muchas personas buscan una pareja como quien busca una ambulancia emocional. Esperan que alguien llegue para curar sus heridas, apagar sus miedos, resolver sus inseguridades, llenar sus vacíos, para evitar que sientan soledad.

Pero el amor romántico no fue diseñado para eso.

Sé que una relación sana ocurre cuando dos personas relativamente completas se encuentran para enriquecer mutuamente sus vidas. Me encantó cómo Chico usa números. Cuando alguien llega a tu existencia, debería ser para ayudarte a pasar de 9.5 a 10.

No de 3 a 10.

Porque cuando una persona deposita en otra la responsabilidad de darle casi todo el valor a su vida, de hacerla sentir suficiente o de rescatarla de sí misma, lo que comienza como amor suele transformarse en dependencia. Y eso siempre será un enorme riesgo de factura muy alta.

No estoy diciendo que debamos ser perfectos antes de amar. Nadie lo es. Todos llegamos a las relaciones con heridas, miedos y alguno que otro navajazo.

Lo que digo es algo distinto y serio.

Debemos asumir la responsabilidad de nuestro propio trabajo interior. Debemos hacer nuestra parte. Tenemos que preguntarnos qué tanto de lo que buscamos en otra persona es algo que tendríamos que desarrollar primero nosotros mismos. Porque hay una pregunta incómoda que pocas veces nos hacemos:

¿Estoy buscando amor o estoy buscando alivio?

Son cosas muy diferentes.

El amor acompaña un proceso de crecimiento, inspira y nos da fuerza e ilusion para seguir en el arte que es vivir. Así, es lindo. Amar y ser amado es lo que nos da energía para vivir.

Pero… no puede sustituir la llegada de alguien lo que tenemos que hacer primero nosotros con nosotros mismos. Nadie puede hacer por nosotros el trabajo que nos corresponde solo a nosotros primero. Nadie puede aprender a valorarse por nosotros. Nadie puede sanar nuestras heridas de infancia por nosotros. Nadie puede construir nuestra autoestima por nosotros.

Si intentamos que alguien lo haga, terminamos exigiendo a una relación algo que ninguna relación puede dar. Es lo que se conoce como «el bucle de la reivindicación».

Por eso la psicoterapia tiene tantísimo valor.

La terapia nos ayuda a llevar a cabo ese trabajo previo. Ayuda a comprender por qué buscamos lo que buscamos. Ayuda a distinguir entre una necesidad afectiva legítima y una dependencia emocional disfrazada de amor. Y cuando eso ocurre, algo cambia. Dejamos de buscar a alguien que nos complete. Comenzamos a buscar a alguien con quien compartir la plenitud que estamos construyendo.

Al terminar este libro sentí gratitud. Sí, puedo afirmar que este libro es psicoterapéutico y te lo recomiendo ampliamente. Muy ampliamente. Casi encarecidamente. Debería de ser un libro de texto para las escuelas preparatorias.

Me encantó este libro, no porque me enseñara algo completamente nuevo. Sino porque puso palabras claras sobre una verdad que vale la pena recordar una y otra vez:

El mejor regalo que puedes ofrecer a una relación futura es la persona en la que te conviertes antes de que esa relación llegue.

Y ese trabajo, aunque a veces sea difícil, siempre vale la pena.

¡Emoción por entender!

Alejandro Ariza Z.

¿Te gustaría seguir la conversación en WhatsApp?

Te invito a que seas parte de mi grupo privado de WhatsApp aquí. Te aseguro que disfrutarás de que estemos más cerca.

No evites el miedo

Ayer andaba leyendo y me llegó un artículo que me ha sorprendido como pocos. De verdad, me cimbró. Mucho. Demasiado. Y tan a gusto que estaba. Me aplicó el “quita risa”. Su tesis es sencilla, pero incómoda… y es poderosa para bien.


Sin duda, te recomendaré leerlo con profunda atención. Te puede cambiar la vida. No exagero. Es para ti, quien viene pensando en realizar un cambio y todavía no se atreve. Si esta frase te resuena, te digo, ¡es para ti!


Terminarás entendiendo que no estamos viviendo solo para pasarla bien —condición que, sin duda, es muy atractiva en sí misma por obvia razón—, sino que pasarla mal, muy mal, incluso, es parte de la maravilla de la vida, porque, como afirma el psiquiatra Paco Traver:

«Toda transformación profunda comienza con una herida que nadie había pedido».

Y si buscas mejorar, lo que seguramente implicará una transformación, requerirás hacer que suceda con tu atrevimiento, aprendiendo a habitar la incomodidad.

Tres ideas sobrecogedoras

Mientras leía el artículo, me ha pegado tanto, que tan solo te muestro tres ideas impresionantes, para bien, y que normalmente no suelen encontrarse para leerlas en el día a día:

1. No es que seas maduro, responsable o sensato; es tu decadencia.

A veces, sobretodo mientras uno se va “haciendo grande”, ya le piensa más uno antes de atreverse. Y sí, uno cree que es la ventaja de ya haber vivido varios descalabros y ya no deseas otro más. Así, deseando, mejor te detienes y analizas otra opción “más segura”, menos riesgosa. Ahí, empieza un tipo de decadencia en tu vida y, sí, se siente. Difícil aceptarlo, pero sucede.

2. La comodidad te pudre silenciosamente.

Bueno, quizá no haya más que decir aquí, salvo que leas con detenimiento el tamaño de argumentos que el autor da para afirmarlo.


Cito: «Permanecer en la comodidad genera complacencia y te impide desafiarte a ti mismo, lo que a su vez erosiona tu autoconfianza y tu fe en tus propias capacidades». Cuanto menos te esfuerces, más débil te haces. Y no, no hablo de lo que cualquiera que va al gimnasio sabe (y quizá lo sepa mejor quien no va), sino de todo en la vida. Hasta pensar.

💣
«La comodidad no solo coincide con la falta de confianza. La genera».

3. El miedo no es tu enemigo.

Una “dosis justa” de miedo es la mejor droga para entrenarte a ser mejor. El miedo no debería evitar que actuaras. Sino que, entendiendo el bien oculto, se trata de que, si tenemos miedo, actuemos así, con miedo. Pero actuemos. Al final de la proeza sales más fuerte.


Por eso un líder se forja como el acero, a altas temperaturas.

Sin más, aquí está el artículo que puedes traducir al español en cualquier navegador hoy en día si no hablas inglés:


“Dí que sí a las cosas que te asustan”.


Disfruta tu lectura. Festejos que estemos aquí.


¿Te gustaría estar más cerca aun de estos temas?

Te invito a suscribirte a mi grupo privado de WhatsApp. Ahí te envío muchos tesoros con frecuencia. Puedes hacer clic aquí para saber lo que podrías recibir.

Con afecto,

—Alejandro.

Proyecto junio

¿Qué te parece leer “Breves historias” todos los días durante junio? Historias muy breves. Historias que nos dejen un aprendizaje o nos muestren alguna oportunidad de mejora en algún aspecto de nuestra vida. Enfocadas en extraer lo bueno que toda historia nos da como opción.

Con esa intención me nació esta idea de crear estas publicaciones.

Para que tengas una mejor visión, podrías echarle un vistazo a varias que hay aquí o arriba en la sección “Acerca de” para leerlo.

Te agradecería enormemente tu opinión los comentarios. Todos los leo. Y bueno, sí, creo que para ello deberás tener cuenta en WordPress. Es gratis.

A esta entrada le llamé “Proyecto junio” solo para expresar una prueba que quiero hacer en el próximo mes. Prueba que si se aprueba, permanecerá. Es un reto para mí para publicar diariamente. Así, conciso, sin imágenes y con cierta emoción. Es una invitación para ti para leer con esa frecuencia algo breve pero valioso.

Te envío muchos saludos y por aquí nos estaremos encontrando día a día, en estas breves historias de mi andar.

Apego

Estoy disfrutando tanto un libro de divulgación de Psicología como pocas veces he gozado uno.

Libro enfocado al amor, al arte de las relaciones humanas.

Hoy, todo el día leyendo.

Y como exquisitez del día, es en donde he encontrado uno de los mejores resúmenes del apasionante tema: “Teoría del apego”. Ese vínculo con alguien tan necesario en nuestras vidas para lograr sentirnos seguros cuando más lo necesitamos, en los momentos de ansiedad, angustia o preocupación.

¿Que tal la idea de comunicar breves historia de mi andar diario para ti?

Niegas lo que no entiendes

La gente suele negar lo que no entiende.

Y como no lo entiende, confirma su negación.

Un círculo vicioso oculto, como son varios de ellos.

Hoy, alguien me decía con cierto tono de desesperación:

—¡Ay, es que no entiende la gente, por más que le digo!

Para mis adentros, la entendí perfectamente. La gente normalmente escucha con un gran filtro, el de su capacidad para entender. Y ahí, lo que uno dice puede distar mucho de lo que llega al cerebro de la otra persona. Ese filtro puede ser como papel de china o como la Muralla China. Es un fenómeno humano el negar lo que no se comprende. Es un colmo, sí, pero también es una defensa.

Y, la verdad, en esos casos, casi no hay nada que hacer.

Solo hay una salvedad…

Que la otra persona quiera aprender de qué se trata. ¡Ah! Ahí cambia todo. Gran parte del éxito para entender algo no está en quien explica, sino en el deseo de comprender de quien escucha.

Porque comprender no es un acto pasivo. Es una decisión.

Y mientras alguien no decida entender… seguirá negando.

Mientras alguien no decida entender… no hay mucho que se pueda hacer.

El deseo de superación es personal. Las ganas de saber son personales. La transformación no ocurre por quien explica, sino por quien decide comprender.

Por eso, por ejemplo, los libros están ahí. Quietos, en un estante. Sin capacidad de afectar a nadie… hasta que alguien los toma, los lee y aplica lo leído. Solo en ese momento —sublime y silencioso— el libro surte efecto.

La verdadera transformación no está en el mensaje.

Está en el deseo del receptor.

Tú tienes ese poder.

…hasta que decides usarlo.

¡Emoción por entender!

Alejandro Ariza Zárate.

Cuando confundimos oportunidad con necesidad

Sí, existen oportunidades, pero que quizá no necesitemos.

Hay momentos en los que creemos que estamos frente a una oportunidad irrepetible. Ya sabes, esa emoción que casi roza la euforia, nos empuja a comprar algo porque “no se volverá a presentar” y porque “sería un error dejarlo pasar”. Pero con el tiempo —y con calma— entendemos que, efectivamente, la oportunidad era real… solo que no la necesitábamos.

Oops.

Hace unos meses me encontré con ese escenario. Vi una oferta atractiva en la Apple Store para maestros (y ese día traía mi credencial de catedrático universitario), un iPad Air de 11 pulgadas, 2025, con chip M3. La mejor versión del legendario iPad Air, una potencia notable. Además, incluía la funda-teclado original de Apple, ese accesorio que convierte a la tableta en una pequeña laptop. La combinación era irresistible: ligera, moderna, con toda la elegancia que Apple sabe diseñar.

Y ahí fue cuando me ganó el impulso.

Me dije: “Estaría muy a gusto para escribir, viajar ligero, trabajar en cualquier mesa de café”. Y realmente era una oportunidad, pues era nueva y el precio bueno, comparado al que le dan por no ser maestro o alumno. Por fin que la adquirí.

Pero después de algunas semanas de uso, llegó la reflexión honesta, esa que llega a destiempo. La confrontación real no fue entre “oportunidad” y “falta de oportunidad”… sino entre “necesidad” y “no necesidad”.

Lo que me sucedió es que la comparé con mi MacBook Air que ya tengo desde hace años. Mi “vieja y delgada compañera” que conozco y que funciona perfecto para lo que hago: escribir. Lo cierto es que mi herramienta principal no había dejado de servirme. Mi flujo de trabajo no necesitaba actualizarse ni reinventarse; estaba completamente cubierto.

La iPad Air de 11 pulgadas con su teclado-funda original es maravillosa, sí, pero no me aportaba una ventaja real. No resolvía una carencia. No era indispensable. Era, en el sentido más profundo, un capricho racionalizado.

Y aquí surge la enseñanza que quiero compartirte:

Lo peligroso no es una compra impulsiva en sí… sino cuando confundimos “gran oportunidad” con “necesidad”.

Y son cosas tan diferentes, pero que, bajo la emoción, creemos que se parecen.

Ahora te digo: lo que pareció una ganga para comprar, puede convertirse en oportunidad para vender… para alguien más que sí lo necesita de verdad.

Aprovecho esta reflexión y hoy quiero ofrecer esa misma iPad Air de 11 pulgadas con su funda-teclado original de Apple —ambas prácticamente nuevas— con un descuento enorme. Y no lo anuncio como vendedor, lo hago como alguien que aprende una la lección: cuando un objeto cumple su función en otra mano, ahí se vuelve verdaderamente una oportunidad.

Así que si tú estabas buscando una iPad Air de 11’’, 256 gb, wi-fi, (2025) M3, color blanco estelar, con su funda-teclado original de Apple, para usar como ordenador portátil, para estudiar, trabajar, viajar ligero o para escribir, quizá esa oportunidad que para mí fue innecesaria… para ti sea exactamente lo que verdaderamente te puede servir con gran valor.

La venderé con gusto a quien le encuentre propósito, a quien realmente la aproveche. Escríbeme aquí si estás interesado y te comparto detalles y precio.

Porque, al final, más importante que comprar con emoción… es vivir con conciencia de lo útil.

¡Emoción por entender!

—Alejandro Ariza Z.