La paz de no autodeberse nada

Ayer, día 1 de mes, desperté a las 5:55 a. m. con una idea muy clara. Estaba iniciando el mes y recuerdo que desde marzo, tenía en mi mente que cuando llegara junio, quería dar mi conferencia «Calidad de vida», abierta al público en general, el último domingo del mes. Quería festejar así el 10º aniversario de mi libro Calidad de vida. ahora en su más nueva edición.

De esa manera me dije: «Tengo que hacer hoy mismo todo el trabajo que implica». Y créeme, es un trabajo intenso y que todo lo hago yo. No tengo —como quizá más de uno cree— personal en diseño, en promoción, en ventas, un social media manager, etc. No. Todo, todo, todo, lo hago yo.

Por lo mismo, por todo lo que hay que hacer, ¡por supuesto que pasó por mi mente: «…bueno, por Dios, apenas está empezando el mes, quizá lo pueda hacer mañana»!

A ver… hablaré de «calidad de vida»… y ya se asomaba en mi mente el postergar. Algo que va totalmente en contra de una mejor calidad de vida.

La acción inmediata es el secreto menos glamoroso del bienestar.

Decidirse a ejecutar en el instante en que debe llevarse a cabo un trabajo es una poderosa fuente de calidad de vida.

Quien no lo haga así… ¡También puede afirmarlo! Porque cuando postergas se pierde calidad de vida, creas la preocupación, generas la angustia, sostienes el pendiente, cargas el pesar de que se te juntan las cosas. ¡Sí, existe un peso invisible por dejar las cosas para después! ¡Existe ese malestar!

Sabes perfecto de lo que estoy hablando.

Tengo una enorme cantidad de pacientes que lo viven. Y siempre encontramos la causa de su preocupación: no hacen lo que tienen que hacer cuando tienen que hacerlo. Mucho menos se anticipan.

Entonces me dije con autoridad sobre mí: «¡Hoy es el día de poner manos a la obra y hoy mismo tiene que quedar terminado todo!».

Ya.

No mañana. No más tarde. No cuando tenga tiempo. No al rato en un huequito. No luego de desayunar.

Ya.

Y apliqué un poderoso secreto que un estimado terapeuta de psicología cognitivo-conductual que tuve me enseñó: Dejé de negociar conmigo mismo para postergar justificadamente. Y de inmediato empecé a darme órdenes rápidamente dentro de mi cabeza: «Ya, ya, ya, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo, empieza ahora mismo…», y me lo repetía tantas veces con esa insistente y veloz manera de hablar dentro de mí, sin parar hasta que me viera frente a mi computadora trabajando; y esa voz, de esa manera, termina moviendo mis pies y llevándome hasta mi despacho para empezar de inmediato. Hago que la insistente voz no me suelte hasta que ya he empezado a ejecutar.

Eso es poderoso.

Esa insistente voz dentro de mí que, por decírmelo así, no me da espacio para negociar conmigo mismo otra opción que no sea actuar de inmediato. Un pequeño esfuerzo de hablarme así… y en menos de cinco minutos ya estaba programando el zoom, diseñando imágenes, preparando textos, organizando detalles, programando publicaciones, grabando videos, haciendo shorts, etc. Nada «demasiado» difícil gracias a la tecnología con la que puede contar hoy cualquier persona con una computadora e Internet… y experiencia. Fueron horas, pero…

¡Terminé!

¡Lo hice!

¡Me cumplí a mí mismo!

Fui líder de mí mismo.

Y sí, por supuesto, ya el mismo día 1 de junio, ya se vendieron los primeros boletos.

Pura matemática y logica de la vida.

Lo que realmente gané

Lo curioso es que el mayor beneficio no fue avanzar en la promoción de la conferencia y la productividad. Fue la sensación de ligereza —calidad de vida— que llegó después.

Porque cada pendiente no resuelto ocupa espacio mental. Los pendientes viven en silencio dentro de nosotros. Consumen energía. Generan una ligera e incómoda tensión. Nos acompañan incluso cuando creemos haberlos olvidado y todo parezca que lo tenemos en orden y en paz. Tú sabes que no es así. No hay orden. No hay paz. No hay calidad de vida cuando dejas las cosas para después.

Una reflexión

He llegado a pensar que muchas personas no están cansadas por todo lo que hacen.

Están cansadas por todo lo que saben que deberían estar haciendo y no hacen.

La inacción cansa. Qué ironía. Y es que la angustia desgasta.

La postergación no solo retrasa resultados. También disminuye la calidad de vida. Me consta. Tanto en carne propia como profesional observador de la conducta humana. Lo he atestiguado en centenas de pacientes.

Por la tarde del mismo día 1, ayer, mientras me encontraba dando consulta… ¡Podía estar «mindfulness» frente a mi paciente! Lograba estar hiperconcentrado en él. Claro…, no tenía pendientes. Desde poco antes del mediodía del primer día del mes, ya estaba echada a andar toda una maquinaria de éxito para mi conferencia.

El éxito no sucede, se crea.

En la noche me sentí tranquilo y feliz. Y no tan solo por lo que pude ayudar a mis pacientes en mi consulta.

Dentro de mí, sabía que la conferencia sería hasta el día domingo 28, hasta fin de mes. Pero lo importante ocurrió hoy.

Hice lo que tenía que hacer.

Y pocas cosas producen tanta calidad de vida, tanta paz, como no deberse nada a uno mismo.

¡Emoción por entender!

—Alejandro Ariza Z.

P.D. Toda la información detallada y entradas para mi conferencia «Calidad de vida», la puedes ver aquí. ¡Espero me puedas acompañar! Te prometo una gran experiencia.