Hace unos días ví a un paciente que, al escuchar su dinámica de pareja, supe que muy posiblemente sufriría mucho en un futuro cercano.
Es sincero y confiesa ya no sentir nada en su corazón ni cuando su pareja le llama «amor». Incluso, ya hasta le empieza a molestar porque no tiene deseo ni de ser recíproco.
Todavía no se da cuenta del origen de ese estado.
La ventaja es que me eligió como su terapeuta y pronto lo descubrirá y se abrirá una factible mejora.
Pero mientras, me hizo recordar una gran frase de Rumi:
«Quien se aferra a su ego es como roca dura en la que es imposible sembrar».

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