Normas de urbanidad y conversación

De alguna manera llegó a mí el contenido de un cuaderno titulado «Formas de escritura» que tal parece que perteneció a George Washigton, cuando tenía 14 años de edad. Data aproximadamente de 1745.

De puño y letra de este prócer, se leen cimientos de una sólida educación.

¡Qué maravilloso es convivir con alguien muy educado, de fineza y extraordinario trato humano! Y eso… se aprende.

En una parte del cuaderno, apuntó 110 «normas de urbanidad y conversación». Parece que las apuntó ahí, cuando estudiaba un trabajo francés más antiguo que las contenía, quizá de 1664. Y tal parece que era un texto escrito por «familias».

Luego de lo que he atestiguado en el comportamiento de una gran cantidad de personas en nuestra era, muchos ejemplos en pleno 2025, no dejó de sorprenderme en gran medida cómo pueden ser deliciosamente aplicables al código moderno de la conducta actual y que, tanta falta hace que las sepan gran cantidad de personas.

En este otro blog que tengo, de entradas breves, ArizaTips, quiero compartirte, para empezar, solo cinco de las 54 normas que tanto admiraba el primer presidente de los EE. UU.:

  1. Cada acto realizado en compañía, debe de trasuntar respeto por los presentes.
  2. En presencia de otros, no hables en voz baja, ni tamborilees con los dedos ni los pies.
  3. No hables cuando otros hablan; no permanezcas sentado cuando otros están de pie; no camines cuando otros se detengan.
  4. No des la espalda a los demás, y menos cuando hablas.
  5. No seas lisonjero, ni bromees con nadie que no esté de ánimo para bromas.

Con todo respeto, este tipo de conocimiento se tiene que aprender. Convencionalmente, en casa, los padres son los maestros. Y si ellos no tienen el conocimiento, es muy fácil y sin gran éxito «endosarle» la responsabilidad a una escuela.


Ser una persona educada, de buenos modales y trato fino no es solo una muestra de cortesía, sino una expresión profunda de respeto por uno mismo y por los demás. La elegancia en el comportamiento trasciende modas y épocas, dejando una huella imborrable en quienes nos rodean y generando placer por convivir. En un mundo donde la prisa y la rudeza se han vuelto comunes, la amabilidad y la educación se convierten en virtudes raras y poderosas y, por lo mismo, capaces de abrir puertas, suavizar tensiones y elevar cualquier encuentro humano a un nivel más digno y significativo.

Seguramente, ya estarás pensando a quién reenviarle esta entrada. Nos ayudaríamos mucho.

Pronto iré compartiendo más. Me gusta el tema y observo gran necesidad en nuestra sociedad. ¿O no?

Alejandro Ariza Zárate.

Nueva entrada en mi blog

El día de ayer publiqué en mi otro blog, el «Blog de Alejandro Ariza«, donde publico mis artículos, un tema que, sin duda, te revelará un nuevo entendimiento del «simbolismo» que tiene el Domingo de Ramos. Algo que va mucho más allá de la religión. Y procuré esclarecer un mensaje cifrado en la Biblia. Espero lo disfrutes como lector VIP. Aquí lo tienes: «El ciclo del aplauso y rechazo». Entenderás por qué vives el tipo de relaciones de amor-odio con tu hijo, tu hija, tu pareja, amigos, empresa, etc. Te será muy esclarecedor.


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La roca

Hace unos días ví a un paciente que, al escuchar su dinámica de pareja, supe que muy posiblemente sufriría mucho en un futuro cercano.

Es sincero y confiesa ya no sentir nada en su corazón ni cuando su pareja le llama «amor». Incluso, ya hasta le empieza a molestar porque no tiene deseo ni de ser recíproco.

Todavía no se da cuenta del origen de ese estado.

La ventaja es que me eligió como su terapeuta y pronto lo descubrirá y se abrirá una factible mejora.

Pero mientras, me hizo recordar una gran frase de Rumi:

«Quien se aferra a su ego es como roca dura en la que es imposible sembrar».

Cuidado con la inercia.

¡Cuidado! No vayas a caer en la “inercia” de perseguir corriendo y corriendo un objetivo cuando, quizá, ya llevas tiempo de haberlo logrado. La permanente competencia y obsesión por mejorar puede menguar tu paz. Está alerta de lo que realmente quieres, tenlo claro, para que puedas distinguir cuándo parar, y hacerlo con armonía, con alegría. Deteniéndote a disfrutar. No se te vaya a pasar la vida en necia inercia. No se te vaya a ir la vida persiguiendo la zanahoria que ya habías logrado alcanzar desde hace un tiempo. Evita la enfermedad del “más”, propia del ego.