Hace un momento me encontraba estudiando cuando se me apareció una reveladora frase de uno de los psiquiatras y psicoterapeutas de los que ha aprendido mucho y que creó la teoría del análisis transaccional.
La frase:
«Las personas nacen príncipes y princesas hasta que sus padres los convierten en ranas».
Eric Berne.
Pensé un rato al respecto. La frase es fuerte y esa metáfora yo lo he atestiguado en años de dar consulta.
Luego de reflexionar un rato, como gran noticia esperanzadora para algunas «ranas», yo afirmo:
¡Existe un elixir que puede revertir esa transformación y permitir que vuelva a surgir el príncipe o la princesa!
«Dios suele llevar a alguien al desierto para hablarle ahí».
De todo lo que he estudiado, “el desierto” es metáfora de una etapa de gran dificultad, de cruzar por un momento muy difícil en la vida.
¡Cuán diferente se ve una dificultad así! En qué grandioso sentido se transforma. En el desierto cesan las distracciones y quizá por eso ahí es donde más directamente nos habla Dios. Quizá nuestra gran necesidad de Él en momentos de dificultad sean los que se precisaban para escucharlo.
Si estás pasando por un desierto, pregúntate:
«¿Qué me quiere decir Dios?».
Preguntártelo te prepara, abre tu corazón para recibir el amoroso mandato. Pedirle en oración al Espíritu Santo que te ayude a escuchar, te ayudará también.
Estoy suponiendo que hasta que no escuchemos qué quiere Dios de nosotros, seguiremos en un desierto.
Ten toda la disposición de escuchar el verdadero por qué. Atiende Su Palabra. Y empezará tu salida del desierto.
Hoy siento hasta en mí, mi misión: “Ayudarnos a entender para vivir mejor”.
Hoy he entendido algo liberador en mi vida.
Y con amor te lo comparto. ¡Y cómo no hacerlo luego de lo que me dijo una paciente hace unos días! Te lo comparto brevemente aquí:
Dejé de llamar, dejé de escribir, dejé de buscar, y descubrí que el amigo era yo.
Solo yo.
Si no hay reciprocidad, no hay vínculo.
Si deseas leer un poco más acerca de la amistad, hay un capítulo llamado «La fuerza de la amistad», en mi libro Columnas de verdad. Parece que fue ayer cuando escribí ese capítulo y han pasado años. Pero la densidad emocional de ese capítulo es, literalmente, una columna que me sostuvo en mi pasado.
Vivimos en una sociedad que valora mucho el esfuerzo. De esa manera, parece que se valora más lo complejo, por aquello de que eso suele ser “lo que cuesta más trabajo entender”, eso implica esfuerzo, entonces deberá ser más valioso.
Un silogismo que parece atractivo (para el ego, en su división intelectual).
Pero no es así.
“La solución más simple es la correcta”
Guillermo Ockham.
La “navaja de Ockham”, o ley de parsimonia, es un principio filosófico que establece que, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta.
Este principio lo considero atinado y ha regido mi vida en los últimos años.
En esa significativa línea de pensamiento, Ockham, célebre filósofo y monje franciscano del siglo XIV, planteó que la pluralidad no debe postularse sin necesidad. En otras palabras: no hay que hacer complejo lo que puede ser sencillo, simple. No hay que considerar más alternativas que las necesarias. Por ello, se usa la metáfora de una navaja cortando las ramas innecesarias de un árbol, las que sobran, para dejar solo la rama más firme. La rama que sería suficiente.
Por eso mi ArizaTip de hoy, para cuando estés pensando en procesos o sistemas para ti.
Todos los famosos doctores, celebridades, que hablaban de «antienvejecimiento», todos, están y se ven tan viejitos.
ArizaTip: De verdad, ¡tecnología de lo obvio! No intentes ir en contra de lo normal. Todo lo que tenga que ver con «antienvejecimiento» es como decir «anti-puesta-de-sol» esperando que un día nunca termine. No creas en doctores, ni pastillas, ni cremas, ni nada «antienvejecimiento». Si lo comprendes, hasta te podrás reír del absurdo.
Acepta felizmente lo normal, lo naturalmente esperable, y te sentirás mejor, te verás mejor. Como decía mi muy sabia madre:
Desde que publiqué mi libro, Señales de destino, dije:
«Si es fácil y fluye, es por ahí. Si no, no»
De esa manera no me debería extrañar lo que sentí ayer por la noche.
Esperaba que se cumpliera una «promesa» y no sucedió. De inmediato detecté a mi ego reclamando en mi interior y empezó a hervir dentro de mí el deseo de reclamar su cumplimiento. Pero, afortunadamente, me contuve. Y lo logré, precisamente, al recordar ese principio que rige mi filosofía de vida y que desde hace años publiqué en mi libro. De verdad, es un arte con su heroico sentimiento al final, desear reclamar y terminar sin hacerlo. Nada. Nada y en paz.
Pero luego sucedió algo que me sorprendió más.
También anoche, estaba buscando dónde pubicar mejor mis notas (brevísimas publicaciones, tipo el «ArizaTip» de hoy) para que más gente pueda beneficiarse de leerlas. Sí, ya creo que tengo un TOC con este tema. En fin, estaba buscando. Y al entrar a mi abandonado Tumblr (abandonado por mis lectores, porque de verdad parece que nadie termina enamorándose de tan noble plataforma), me encontré con esto que me parece haber publicado a finales del 2020: